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Sobrevivir puede ser muy divertido

16 €

Ficha

Autor: Diego Medrano
Género: Relatos
Páginas: 188
Dimensiones: 220 x 150 mm
Encuadernación: Rústica
Isbn: 978-84-935015-9-4

Sinopsis / Información

Relatos heterodoxos y cáusticos, colección de tipos tiernos o intolerables, situaciones surrealistas o hiperrealistas… La duda nos asalta en cada nuevo relato que leemos, nos desconcierta porque dudamos entre reír y llorar; porque no podemos saber si estamos alejados de estos personajes o anidan agazapados en nuestra alma.

Sobrevivir puede ser muy divertido es un cóctel donde se mezclan sensibilidad, mala leche, dotes de observación e imaginación portentosa, y que deberíamos tomar en un bar exclusivo acompañados de un hombre lobo.

Su obra entera ha sido calificada por Luis Sepúlveda como «homenaje a la imaginación»; de «convincente terrorismo» por parte de Antonio Gamoneda”; «trino del diablo», dijo de él Luis Antonio de Villena; «Kafka español» le llamó Leopoldo María Panero; y quizá Pere Gimferrer, descubridor del autor, fue quien con mayor precisión acertó en su diagnóstico: «insólito escritor, inventiva verbal, asoladora vitalidad creadora».

Diego Medrano

Diego Medrano (Oviedo, 1978) inició estudios de Filosofía Pura en la Universidad de Oviedo antes de dedicarse por entero al mundo de las letras. En la actualidad es columnista del periódico EL COMERCIO. «Escritor perpetuo y siempre escritor», Diego Medrano es heredero de una tradición que amalgama decadencia y cultura en una misma identidad. Su correspondencia completa junto a Leopoldo María Panero, Los héroes inútiles, es toda una poética literaria. Su novela El clítoris de Camille estuvo envuelta en polémica por constituir el sólido monólogo de un enfermo mental depauperado que enfrenta un proceso amoroso; una novela que no parecía tal, matizada por el uso de una sintaxis peculiar o deconstructiva y un lenguaje no menos provocador. Su siguiente libro, Los sueños diurnos, es la suma de más de trescientos microrrelatos y más de seiscientos personajes, abarrotado de citas e «iluminaciones», según el propio autor, donde seguía los procesos compositivos de Robert Walser y sus microgramas. La soledad no tiene edad reúne relatos escritor por el autor durante diez años. La primera entrega de sus diarios, Diarios del artista echado a perder, constituye un convulso «Diccionario de piojosos» —decenas y decenas de malditos— junto a la propia vida del autor, no menos heterodoxa o singular. También ha publicado cuatro poemarios: El hombre entre las rocas, A veces cuerdo, El viento muerde y Agua me falta.

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