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INFORMACIÓN:
Los buenos aforismos tienen siempre, para el lector, algo de luminoso e imprevisible. Son una chispa, un golpe, una evidencia súbita. Aspiran a desvelar, como en una instantánea, matices y perspectivas inéditas de lo real. Su naturaleza poética, la verdad que expresan, se constituye en el acto mismo de su enunciación, en el momento de escribirse… y de leerse. No importa que el resultado pueda parecer, una vez traducido en una proposición racional, una obviedad, porque el aforismo no puede ser valorado sino en lo que tiene de revelación, en su carácter emergente y seductor, en su cualidad sugeridora y expansiva que trasciende los mismos límites del decir. Es el pensamiento en el momento mismo de su nacer al hombre.
Fernando Menéndez nos ofrece algunos memorables aforismos que, con toda seguridad, descubrirán en nosotros, sus lectores, verdades que tal vez habíamos ya olvidado.
Álvaro Robledo |
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SOBRE EL AUTOR:
Fernando Menéndez (Mieres, Asturias, 1953) el licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca. Participó en la fundación del grupo poético Aeda, cuyo primer número apareció en 1978. Allí publicó La marea, serie de brevísimas composiciones poéticas de corte minimalista y existencial. Formó parte del colectivo salmantino Orilla izquierda.
Su doble vocación de escritor y grafista le ha llevado a publicar, en limitadísimas tiradas, libros primorosos en que ha utilizado delicadas técnicas artesanales —collage, acuarela, tinta, etc.— e incluso su propia caligrafía: 39 haikús, Caligrafía en el horizonte y Aguamarina son un buen ejemplo.
También ha recogido en una antología—Biblioteca interior (2003)— los aforismos de los más importantes cultivadores del género, en que él también destaca (Dunas, 2004). |